El
aterrorizado personaje deambulaba de un lado a otro de la habitación
intentando contener el enésimo ataque mental de esos extraños
seres. En tanto, ellos amenazaban con cercenar la
delicada salud intelectual del desdichado utilizando para ello
complicados ultrasonidos y escupiendo
gelatinosos fluidos de traslúcidos colores que emanaban de distintas
cavidades corporales. Inexorablemente rendido y en el colmo de su
terrorífico paroxismo el hombre se dejó caer sobre su mancillada
silla para enterrar la cabeza entre sus inútiles brazos de atleta y
llorar desconsoladamente en una mezcla de miedo, derrota e
impotencia. Mientras, las diminutas formas de vida habían reconocido
ya su devastadora
victoria
y comenzaban el mecánico desfile levantándose de sus sillas y
encaminándose hacia el
humillado gigante. Al llegar hasta él, eludieron su penosa figura
para dirigirse hacia el botín. Sus raquíticas manos hicieron presa
de las tizas y empezaron a colorear en un indescifrable código la
parte inferior de la gran pizarra. El chirriante sonido del yeso
sobre el encerado certificó la capitulación del hundido profesor.
FELIZ HALLOWEEN

No hay comentarios:
Publicar un comentario